Y si él tenía viejas esquirlas tristes en el cerebro y no se sentía más que un escupitajo de alguien que ocupó el lugar de Dios cuando le tocó nacer, no era simplemente por una elección :nadie elige perder.
Su mirada o lo que quedaba de ella tenia ese brillo cansado de fundillos de pantalones viejos, y a medida que iban pasando las horas se le volvía más estúpida, adormilada, igual a la de alguien que se deja hipnotizar hasta la insensibilidad sólo para olvidarse de que está vivo.
Y si él tenía viejas esquirlas tristes en el cerebro y no se sentía más que un escupitajo de alguien que ocupó el lugar de Dios justo en el momento en que le tocó nacer porque Dios quizás haya tenido ganas de ir al baño o no se, no era simplemente porque lo había elegido : nadie elige perder. El comenzó con todo esto cuando ella le dijo que no podía verlo mas.
Entonces empezó a perderse de vista de todos los espejos. Fue cuando se dio cuenta que algo había empezado a romperse y que ya no se iba a detener más esa rajadura tan ácida dentro suyo.
Fue en ese momento en que se quedó sin alternativas e inició su gesta de Buscatiente, como le gustaba llamarla. Fue esa tarde en que ya no soportó más estar bajo la luz de tubos encendidos porque se convenció de que todos esos cilindros blancos y fríos, oscuros para siempre, amenazaban a la ciudad con ese vacío que lo impregnaba todo de pequeñas muertes, de suciedades percudidas, de palabras con manchones de grasa ...
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