viernes, 29 de octubre de 2021

1. ALGO QUE FUE LUZ Y AHORA ES VACIO Del Buscatiente

 


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- Esa noche él estaba, como siempre, afilando su obsesión por esa mujer con la cual compartió la parte más iluminada de su vida. Gastaba lenta y obstinada su memoria convirtiéndola en un largo cuchillo. 


En la esquina de Rivadavia  y Misiones el viejo me señaló con su dedo manchado de tinta solvente del marcador una lastimosa luz que salía de una pizzería chiquitita y sola que estaba por esa calle.


– Ahí está  ¿ves? Vamos – y encaró directamente para ese lugar desencantado, que se derretía despacito  en neblinas de grasa y vino.


Yo lo seguí sin saber qué buscaba el viejo en ese lugar tan triste que nos recibió con un vaho intenso de calor, humedad, silencios y rejillas sucias, como si nos echara, como si  no nos quisiera. 


- ¿Ves? Acá es donde él se puso a escribir esa carta, esa única carta antes de irse, de perderse quien sabe dónde. Su carta de Buscatiente.


 El Junta mientras tanto comenzó a revisar sus bolsillos y a hablar al mismo tiempo. 


- Esa noche él estaba, como siempre, afilando su obsesión por esa mujer con la cual compartió la parte más iluminada de su vida. Gastaba lenta y obstinada su memoria convirtiéndola en un largo cuchillo. 

Sentado en el umbral pringoso y oscuro, acá a la vuelta no más, por Yrigoyen, mantenía sus ojos, aún nublados , fijos en las ventanas del edificio de enfrente donde algunas sombras, totalmente ajenas a su presencia, parecían estar interpretando solo para él una danza que se le antojaba macabra. 


Hasta la próxima

miércoles, 27 de octubre de 2021

17. DEL JUNTAHISTORIAS

- Se le nota que aun es nuevo en esto de dormir en la calle y está un poco desconcertado. Estos bautismos de vereda duelen para toda la vida, dejan marcas. Yo los llamo Dónde porque son preguntas sin respuestas. 


 - No te hagás problemas. Es el primero de todos. De ellos quería hablarte también –el hombre se había detenido a dos metros de nosotros como si esperara que reiniciemos la marcha para él seguir caminando

- Se le nota que aun es nuevo en esto de dormir en la calle y está un poco desconcertado. Estos bautismos de vereda duelen para toda la vida, dejan marcas. Yo los llamo Dónde porque son preguntas sin respuestas. En realidad como nosotros, como todos, nada más que ellos andan sin caparazón, a cielo abierto, en carne viva. Tal vez esta sea su noche también y haya una fiesta en algún sitio oscuro pero amigo adonde pueda empezar a vivir de vuelta.

Siempre acompañados por el insistente chancletear del Dónde, al que ya se le habían sumado tres más, tomamos por Mitre y cuando estábamos por llegar a Castelli, casi sin darme cuenta le puse una mano en el hombro al Viejo y así seguimos andando.



Hasta la próxima

lunes, 25 de octubre de 2021

16.DEL JUNTAHISTORIAS

 

- Fijate, este tipo nos empezó a seguir- le digo alJunta casi en un susurro mientras que de reojo veo como el el chancleteante cruza haciendo restallar aun más los restos de sus zapatos en medio del silencio de esa noche espesa


No habíamos cruzado Perón todavía cuando un tipo, tirado en la vereda, alzó su mirada hacia nosotros desde el cartonaje de cajas de TV adonde estaba su cuerpo. Apenas visible en la oscuridad se restregó contra la dureza de los baldozones solo disimulados por trozos de arpillera y papeles de diario. Comenzó a pararse lentamente. Me inquietó la forma en que nos había mirado y pensé que tenía algún arma en ese paquete blando, envuelto en papel madera y atado con hilo sisal que apretó contra sí mismo antes de largarse a caminar detrás nuestro. Estábamos solos en la calle.

- Che, ese tipo nos empezó a seguir – le dije asustado al Junta sin quitarle los ojos de encima al hombre surgido de la oscuridad. - ¡Che! – casi le grité al Junta pero cuando giré la cabeza hacia el lado del viejo me di cuenta que ya no estaba al lado mío. Me desesperé. Comencé a caminar más rápido al escuchar el feroz chancletear de los zapatos deshechos del tipo.

- ¡Che! Esperame, pará – escucho que me grita desde la vereda de enfrente el Junta. En ese momento un viento frío hizo volar una llovizna de pequeños trozos, retazos de tela desde las bolsas destrozadas de basura que estaban sobre la vereda. Cuando crucé el Junta escribía sobre una pared con un marcador .

- Fijate este tipo, nos empezó a seguir – le digo casi en un susurro mientras que de reojo veo como el chancleteante cruza haciendo restallar aun más los restos de sus zapatos en medio del silencio de esa noche espesa. Desde la chorrera de letras derramada por el Junta se desprendía un fuerte olor a solvente.

- ¿Quién? ¿Aquel? – me pregunta el Junta girando apenas la cabeza.

- Si, quién va a ser sino – me impaciento.


Hasta la próxima

sábado, 16 de octubre de 2021

15. DEL JUNTAHISTORIAS

¿contarle las veces que la busqué a Dulce en esos gusanos tumultuosos de fierros y chispazos? ¿Decirle que ese olor salvaje que para mí tienen los subterráneos es el mismo olor del deseo?  


–  No pienses que soy adivino –dijo luego el viejo cambiando totalmente el tono de voz – sucede que es muy fácil cuando estás acostumbrado a ver en la oscuridad leer miradas y borracheras. Por eso me di cuenta que te sentías jodido por esa mujer que te inventaste para poder encerrarte así en la bomba de tiempo que sos vos mismo.

Volvimos a caminar juntos en un silencio distinto a todos los otros. Tomamos por Azcuénaga hacia Rivadavia. Al fondo de la calle se distinguía brumosamente la silueta de la torre de una iglesia. Yo no sabía qué hacía ahí con ese tipo tan extraño que parecía saber mas de mí que yo mismo.

- Yo no quiero que cuentes mi historia en la novela, sino lo que vamos a ver esta noche. Porque vivir en los túneles te transforma, pero yo no soy el único, yo soy apenas uno en ese mundo de personas que parecen sostener a esta puta ciudad desde esas bóvedas ...

- Un día ¿sabés? – y aunque era yo el que hablaba la voz me parecían venir de muy lejos – sentí que había ángeles escondidos en los subtes. Los sentí un par de veces, bah, en realidad una porque la otra fue una trampa que me hice porque necesitaba sentirlos cerca - ¿contarle las veces que la busqué a Dulce en esos gusanos tumultuosos de fierros y chispazos? ¿Decirle que ese olor salvaje que para mí tienen los subterráneos es el mismo olor del deseo? ¿Decirle que mil veces había soñado con meterme debajo de la noche para volver a encontrar sus labios? 


Hasta la próxima

miércoles, 13 de octubre de 2021

14. DEL JUNTAHISTORIAS

Cuando estás abajo tenés que estar atento porque muchas veces, a la noche, circulan trenes vacíos con vagones que llevan a reparar a los talleres. Son los que salen a la calle allá por Primera Junta ¿los viste alguna vez? 

- Me fui a vivir a los túneles del subte en el ’79 – me dijo el Junta mientras intentábamos caminar manteniendo la vertical por Sarmiento hacia la avenida Pueyrredón. – Me habían amenazado y a muchos ya los habían agarrado. Otros pudieron irse afuera, levantaron vuelo, pero yo como no tenía un mango decidí hacer la contraria, irme para abajo.

La calle Sarmiento se hunde en el Once nocturno como un tren sin ruido que anda a ciegas. El Junta ya no transpiraba oscuridad y las ráfagas de luces que traían los taxis que pasaban de vez en cuando me devolvían un rostro totalmente distinto al que le había conocido hacía apenas un par de horas en el Astral.

Primero fue difícil. Tuve que aprender los horarios de los trenes. Para que no te aplasten tenés que estar atento a las cucarachas y las ratas porque cuando ellas desaparecen es que se viene el tren. También tuve que aprender a esquivar a los obreros; calcular qué calle pasa por arriba para poder subir; saber los horarios que cierran los boliches de la estación Once o los de la galería Obelisco para conseguir comida, vino y cigarrillos… Estar atento porque muchas veces, a la noche, circulan trenes vacíos con vagones que llevan a reparar a los talleres. Son los que salen a la calle allá por Primera Junta ¿los viste alguna vez?

Eso está bien para escribir una novela –le dije burlonamente.

Es lo que quiero hacer, por eso es que te fui a buscar

¿A buscarme?

Claro. Vos sos periodista ¿no?

Si, esta bien. Pero esto es muy extraño.

¿Qué tiene de extraño?

Todo tiene de extraño ¿sabés? Todo –algo dentro de mí había empezado a estallar.

Mirá nene –y el Junta entonces me aferró firmemente de un brazo obligando a detenerme – Vos no sabés quien soy yo y te equivocarías mucho si pensaras que todo esto es una casualidad. Como te venís equivocando con esa mujer de los mil nombres que ahora ya no existe y que quizás... 

- Si, ya sé. Decilo... nunca existió.

- Si existió. Pero sólo en vos. – me soltó y ambos nos quedamos mirándonos a los ojos en medio de la oscuridad de Sarmiento y Azcuénaga.

Tenía razón el Junta pero...  ¿quién era?


Hasta la próxima

viernes, 8 de octubre de 2021

13. DEL JUNTAHISTORIAS

Y más allá de que todo lo que íbamos a vivir me sigue marcando hasta ahora. Y que escribo todo esto con desesperación porque no encuentro las claves para contarlo, era la primera vez en mucho tiempo que no me sentía solo. 


El Junta me hacía señas del otro lado de la avenida Corrientes pero entre mi miopía y el tránsito me costo verlo. Era una imagen graciosa y rara, muy rara. Como todo lo que me pasaba en ese momento. Agitaba los brazos con la desesperación del tipo que sabe que se está ahogando mientras a su alrededor pasa un montón de personas pero nadie parece verlo.  

Creo que fue en ese momento en que sentí en el aire, como si fuera neblina, un olor muy fuerte a solvente y me di cuenta de que a mi alrededor alguien acababa de escribir, con fibrones gruesos, “Tu nombre verdadero”... Pero no había nadie y esas tres palabras comenzaron a retumbarme en la cabeza. Me recordaban a algo pero no sabía a qué...

Cuando lo vi al Junta en la otra esquina sentí, casi como una sorpresa, que todo volvía a iluminarse por más que estaba tan oscuro como antes. En ese momento pasaba el camión de la basura. 

Sus ruidos me llegaban desde lejos a pesar de que estaba delante de mi compactando los restos del día ya hechos oscuridad dentro de bolsas destrozadas por las manos de quienes raspan la viruta de lo que quedó porque sólo tienen eso para salvarse. 

Volví a mirar hacia el otro lado de Corrientes y el Junta me seguía haciendo señas. Ahora,  para que cruce. Y no sé por qué lo hice porque admito que muchas veces me arrepentí. Pero crucé y hasta me sentí contento de ir a su encuentro. Casi como si fuera un amigo. 

Y más allá de que todo lo que íbamos a vivir me sigue marcando hasta ahora. Y que escribo todo esto con desesperación porque no encuentro las claves para contarlo, era la primera vez en mucho tiempo que no me sentía solo. 

Nos adentramos por Rodríguez Peña para el lado de Sarmiento. 

- La vida son apenas astillas dulces – decía como si recitara en ese aire enrarecido – destellos que queman, nombres que nos persiguen todo el tiempo...  

Y había un teatro antes de llegar a Sarmiento que chorreaba luces y fotos de colores 

- ... estrellas fugaces que se parecen demasiado al deseo, que es un momento tan solo. 

Los olores a orín viejo se mezclaban con el de las frituras y todo apestaba a oscuridad transpirada 

– No más que eso, un tan solo, la felicidad – el Junta seguía enfervorizado mientras pasábamos frente a puertas de tela que resguardaban la entrada a un esqueleto de edificio cubierto de cartelones, tras los cuales me pareció ver brillar ojos que nos acechaban. 


Hasta mañana


miércoles, 6 de octubre de 2021

12. DEL JUNTAHISTORIAS

 

- ¿Dónde mierda se había metido el Junta?


Cuando quise levantarme sentí que estaba parado sobre una alfombra que alguien sacudía furiosamente. De todos modos salí, como pude, detrás del Junta sin saber que ésa era la última vez en que el viejo Astral iba a dar sus lengüetazos tristes de luz amarillenta sobre la vereda de Corrientes.


De pronto me di cuenta que la mujer de tantos nombres que yo comencé a conocer como Azúcar aún dolía en mi abollada existencia. Y así, dando tumbos , con el aire de la calle raspándome los pulmones me sentí tan distanciado de todas esas tormentas que encienden la piel que me pareció haber llevado siempre un paraguas como para que la vida no se me mojara. Un paraguas que ya destrozado por cientos de diluvios me dejaba así, a la intemperie, solo de esa maldita soledad que nada ni nadie, salvo una voz, solo una voz, puede acallar.


¿Dónde estás? – pregunto con palabras arrastradas que me deschavan borracho buscándolo al Junta por Rodríguez Peña. Pero no lo veo. Floto como puedo en el vaho intenso de esa calle con espasmos fríos de televisores que vuelven locas a las sombras tras las ventanas de los departamentos.


Siento pánico de haberme quedado solo allí, entre dos tiempos que me tironean, me desfiguran... ¿El Junta sólo había existido en el Astral? ¿Había estado hablando solo todo este tiempo? ¿Ésta era finalmente la locura?


Un perro se cruza manso delante de mi y se va hacia Lavalle. Todo es muy oscuro en esa cuadra. Como en un apagón del que solo se salvaron los televisores desde lo que bajan al unísono melodías edulcoradas e irritantes.


No... no iba a poder salir solo de allí, de esa cuadra que chocaba con la vieja escuela industrial en Lavalle y que ahora sólo era iluminada por algún que otro colectivo que tiene la parada antes de Corrientes. De a poco las luces de los televisores también se van apagando. 

Pensé en tomarme uno de esos colectivos. Pero... ¿para ir adónde? Además, tuve miedo -si, el miedo, siempre el miedo- de que el colectivero no me quiera llevar.  Que me dijera: “No, pibe. No te puedo llevar porque vos no sabés adónde vas”.

¿Dónde mierda se había metido el Junta?


Hasta mañana

martes, 5 de octubre de 2021

11. DEL JUNTAHISTORIAS

 
Y fue en ese momento en que afuera las sirenas se hicieron aullidos dolorosos, frenadas que raspan el asfalto; ruidos de metales; puteadas a lo lejos. Abrieron la puerta con un par de patadas y el bar solo fue silencio, silencio asustado, tenso, cuerda caliente ...


- Vos estás borracho – creo que le dije, porque la lengua ya se me hacía trapo en la boca.


- No, en serio. No te hagas el sordo ¿escuchás? – se entusiasma y comienza a golpear la mesa, la boca olvidada en una “o” expectante …


- Salí – le digo mientras escucho que las voces atronan, se abrazan empujando un ensordecedor: “con el fusil en la mano ... y Evita en el corazón”


- Si, vos también estás escuchando – me reclama el Junta.


Pero mi cabeza parece querer estallar y las voces ya embravecidas corren hacia su destino final: “Montoneros Patria o muerte ... los soldados de Perón”.


Y fue en ese momento en que afuera las sirenas se hicieron aullidos dolorosos, frenadas que raspan el asfalto; ruidos de metales; puteadas a lo lejos. Abrieron la puerta con un par de patadas y el bar solo fue silencio, silencio asustado, tenso, cuerda caliente ...


- ¡Los documentos en la mano! – gritaron los tipos de azul que recién acababan de entrar.


* * * * * * *


- Hoy vino más temprano – me dice en ese momento el Junta cuando un tipo pasa al lado de nuestra mesa.


- ¿Quién? –le pregunto y él ladea, cómplice, la cabeza para señalarlo. – Éste, el mozo que entró recién. Es un buchón. Terminá eso y vamos porque lo que viene ahora es triste. Lo bancan en la comisaría ¿sabés? – escucho que me dice el Junta mientras el tipo reaparece y con su saco blanco nos mira de reojo.

- A ver, zurdos de mierda si se dejan de joder – y escucho o me parece, ya no lo se, las voces de los tipos de azul que quiebran las hebras celestes de humo dulzón y empujan a los que están parados.


- Vámonos, yo sé lo que te digo, esto no da para más – me dice el Junta.


En tanto el Astral se va vaciando. La fila de gente sale, manos en la nuca, de uno en fondo por la puerta, que ahora tiene manchones intermitentes de luces rojas.


- Dale nene...


Hasta mañana

lunes, 4 de octubre de 2021

10. DEL JUNTAHISTORIAS

 - ¡Qué bueno!, Hernández Arregui – le dice mientras él siente pánico de que ella pueda sentirle el olor a sobaco transpirado que debe despedir el libro de tanto traerlo y llevarlo bajo el brazo a lo largo de la avenida Corrientes.

- ¿Te gusta Janis? – dice entonces el bibliogolpeador, cambiando el tono de su voz, a la muchacha que está vestida con una blusa de bambula, jeans bombilla, sandalias de cuero caro que contrastan con su piel tan blanca - ¿No querés venir a casa? Mirá que tengo el último disco. Ella se sorprende porque no cualquiera puede tener en la Argentina “Pearl”.

Y yo no puedo dejar de sentir que en ese momento, en la Plaza de Mayo, con Perón o sin él, alrededor del Obelisco o en todas partes dan vueltas los que necesitan amor o algo parecido...

Como toda respuesta la chica toma el libro de tapas rojas.

- ¡Qué bueno!, Hernández Arregui – le dice mientras él siente pánico de que ella pueda sentirle el olor a sobaco transpirado que debe despedir el libro de tanto traerlo y llevarlo bajo el brazo a lo largo de la avenida Corrientes.

Pero hay una guitarra en el fondo del bar que comienza a puntear una melodía que yo escuché cantar por última vez en un lugar llamado Liberarte. Me acuerdo que eran unos cuatro o cinco tipos que se abrazaban y lloraban borrachos. Desafinaban y eso hacía que todo tuviera un sabor amarillento. “Aquí se queda la clara ... la entrañable transparencia ...” Pero ahora no son esas voces sino otras, que vienen desde hace mucho tiempo y se envalentonan... “... de tu querida presencia ... comandante Che Guevara”.

Y es la chica, de ojos muy grandes y claros, quien ahora se desespera y le golpea el hombro al mismo tipo que hace un ratito nomás la intentaba seducir con el “Pearl” de Janis Joplin preguntándole con la mirada : ¿Y ahora? ¿Qué hacemos?. Pero él no hace nada. Es ella entonces la que se pone de pie y blandiendo un puño en alto del que deja salir dos dedos – el índice y el mayor – arremete solitaria pero con fuerza: “Los muchachos peronistas ... todos unidos triunfaremos ...”

- ¿Estás escuchando? – me preguntó el Junta mientras que la cuarta ginebra que el mozo nos sirvió sin habérsela pedido me hacía sentir ya a veinte centímetros del suelo – Parece que la cantan de nuevo.


Hasta mañana