- Fijate, este tipo nos empezó a seguir- le digo alJunta casi en un susurro mientras que de reojo veo como el el chancleteante cruza haciendo restallar aun más los restos de sus zapatos en medio del silencio de esa noche espesa
No habíamos cruzado Perón todavía cuando un tipo, tirado en la vereda, alzó su mirada hacia nosotros desde el cartonaje de cajas de TV adonde estaba su cuerpo. Apenas visible en la oscuridad se restregó contra la dureza de los baldozones solo disimulados por trozos de arpillera y papeles de diario. Comenzó a pararse lentamente. Me inquietó la forma en que nos había mirado y pensé que tenía algún arma en ese paquete blando, envuelto en papel madera y atado con hilo sisal que apretó contra sí mismo antes de largarse a caminar detrás nuestro. Estábamos solos en la calle.
- Che, ese tipo nos empezó a seguir – le dije asustado al Junta sin quitarle los ojos de encima al hombre surgido de la oscuridad. - ¡Che! – casi le grité al Junta pero cuando giré la cabeza hacia el lado del viejo me di cuenta que ya no estaba al lado mío. Me desesperé. Comencé a caminar más rápido al escuchar el feroz chancletear de los zapatos deshechos del tipo.
- ¡Che! Esperame, pará – escucho que me grita desde la vereda de enfrente el Junta. En ese momento un viento frío hizo volar una llovizna de pequeños trozos, retazos de tela desde las bolsas destrozadas de basura que estaban sobre la vereda. Cuando crucé el Junta escribía sobre una pared con un marcador .
- Fijate este tipo, nos empezó a seguir – le digo casi en un susurro mientras que de reojo veo como el chancleteante cruza haciendo restallar aun más los restos de sus zapatos en medio del silencio de esa noche espesa. Desde la chorrera de letras derramada por el Junta se desprendía un fuerte olor a solvente.
- ¿Quién? ¿Aquel? – me pregunta el Junta girando apenas la cabeza.
- Si, quién va a ser sino – me impaciento.
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