Y más allá de que todo lo que íbamos a vivir me sigue marcando hasta ahora. Y que escribo todo esto con desesperación porque no encuentro las claves para contarlo, era la primera vez en mucho tiempo que no me sentía solo.
El Junta me hacía señas del otro lado de la avenida Corrientes pero entre mi miopía y el tránsito me costo verlo. Era una imagen graciosa y rara, muy rara. Como todo lo que me pasaba en ese momento. Agitaba los brazos con la desesperación del tipo que sabe que se está ahogando mientras a su alrededor pasa un montón de personas pero nadie parece verlo.
Creo que fue en ese momento en que sentí en el aire, como si fuera neblina, un olor muy fuerte a solvente y me di cuenta de que a mi alrededor alguien acababa de escribir, con fibrones gruesos, “Tu nombre verdadero”... Pero no había nadie y esas tres palabras comenzaron a retumbarme en la cabeza. Me recordaban a algo pero no sabía a qué...
Cuando lo vi al Junta en la otra esquina sentí, casi como una sorpresa, que todo volvía a iluminarse por más que estaba tan oscuro como antes. En ese momento pasaba el camión de la basura.
Sus ruidos me llegaban desde lejos a pesar de que estaba delante de mi compactando los restos del día ya hechos oscuridad dentro de bolsas destrozadas por las manos de quienes raspan la viruta de lo que quedó porque sólo tienen eso para salvarse.
Volví a mirar hacia el otro lado de Corrientes y el Junta me seguía haciendo señas. Ahora, para que cruce. Y no sé por qué lo hice porque admito que muchas veces me arrepentí. Pero crucé y hasta me sentí contento de ir a su encuentro. Casi como si fuera un amigo.
Y más allá de que todo lo que íbamos a vivir me sigue marcando hasta ahora. Y que escribo todo esto con desesperación porque no encuentro las claves para contarlo, era la primera vez en mucho tiempo que no me sentía solo.
Nos adentramos por Rodríguez Peña para el lado de Sarmiento.
- La vida son apenas astillas dulces – decía como si recitara en ese aire enrarecido – destellos que queman, nombres que nos persiguen todo el tiempo...
Y había un teatro antes de llegar a Sarmiento que chorreaba luces y fotos de colores
- ... estrellas fugaces que se parecen demasiado al deseo, que es un momento tan solo.
Los olores a orín viejo se mezclaban con el de las frituras y todo apestaba a oscuridad transpirada
– No más que eso, un tan solo, la felicidad – el Junta seguía enfervorizado mientras pasábamos frente a puertas de tela que resguardaban la entrada a un esqueleto de edificio cubierto de cartelones, tras los cuales me pareció ver brillar ojos que nos acechaban.
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