jueves, 30 de septiembre de 2021

9. DEL JUNTAHISTORIAS

Ese pibe que se me parece demasiado olisquea el alcohol con su nariz aun virgen, mientras naufraga perdido entre las mesas 


En una mesa cuatros tipos conspiran. Se les nota en la cara. Hay tensión entre ellos, gestos que transpiran un miedo frío : “¿Quién va a tirarla?”, se preguntan sólo con la mirada porque las palabras no aflojan así nomás, nadie se anima ...


Un golpe resuena en ese bar Astral, que ahora me parece más joven, menos gastado. Es un libro que es vapuleado contra otra de las mesas. Un libro de tapas rojas , con un dibujo, “¿Qué es el ser nacional" se pregunta desde el título, si es que no veo mal.


Mientras, en otra mesa, un tipo parece estar disolviendo ese dolor agudo que ahora me es tan conocido, con ginebras que arden como fueguitos en inviernos desarrapados.


Y también hay un pibe que anda por ahí – y es en ese momento en que el Junta me mira desafiante- en medio de todo ese enjambre. El pibe tiene olor a tizas, de las que se usan en las escuelas porque aun no sabe que también existen otras tizas que trazan líneas largas pero no son como las que te piden las maestras sino son las que te arrebatan.


Ese pibe que se me parece demasiado olisquea el alcohol con su nariz aun virgen mientras que naufraga perdido entre las mesas donde están los conspiradores que se excusan en Gramsci, Lenin, y hasta en el Che Guevara para no poner esa pastilla de gamexame en la facultad.


Mientras tanto, el libro de las tapas rojas que se pregunta qué es el ser nacional es golpeado una y otra vez cuando el tipo que lo tiene necesita acentuar alguna frase.


- Porque cuando vuelva el viejo –dice y pega un golpe- todo va a cambiar – concluye y da otro librazo sobre la mesa. Pero su mirada ahora no sueña con la Plaza de Mayo repleta ni con Perón mezclando sus brazos con el cielo y llevándose la mas hermosa música que ha escuchado. Su mirada está detenida en un par de ojos muy abiertos, muy claros, de una muchacha que recién conoce y que él ahora quiere conocer del todo.


Hasta mañana

miércoles, 29 de septiembre de 2021

8. DEL JUNTAHISTORIAS.

 

Alguien habla de un avión negro y menciona muchas veces la palabra regreso entre todas esas barbas perfumadas con tabaco barato, de cigarrillos armados a mano.


- A esa mujer que vos viste en el bar te la vas a volver a encontrar algún día, cuando despiertes, quizás mañana , pasado, o dentro de diez años. – me dijo el Junta.


Yo ya no podía más y aún no sabía lo que me esperaba. El alcohol ya se había convertido en tenazas calientes que apretaban mi cabeza. Amagué irme cuando sentí que la noche estaba lo bastante disfrazada como para hacerle frente, pero el viejo me aferró el brazo.


- No, ahora no por favor – casi me suplicó y yo sentí que ese solo contacto me causaba pánico.


- ¿Por qué? – le pregunté.


- Porque esta noche va a ser especial. Yo se por qué te lo digo, haceme caso por favor. Además vine a pedirte algo.


- Dejate de locuras, viejo. Ni nos conocemos ¿cómo vas a venir a pedirme algo? Nos vemos otro día.


- Es que no va a poder ser. Yo ya no voy a subir más, me voy a quedar abajo. Lo mío acá se terminó ¿qué puedo hacer acá arriba en medio de todo esto? Solo esperaba una noche como la de hoy …


- No me vuelvas mas loco de lo que estoy, Viejo. Andate a tu casa tranquilo y otro día nos vemos …


- Es que ni vos ni yo estamos locos, pibe. Sino olé ...


Y sí... había un humito azul, dulzón, que embriagaba y parecía seducir a una guitarra tímida pero firme que comenzó a sonar desde el fondo del bar, en la mesa que estaba al lado de los baños.


También volví a sentir ese olor al cuero de muñequeras y vinchas. Cuero quemado con la punta de destornilladores torcidos, puestos al rojo en hornallas de cocinas con repasadores húmedos colgando y los “no te vayas a quemar, nene”, gritados por mamás que en el baño se erizaban la cabeza de ruleros.


Alguien habla de un avión negro y menciona muchas veces la palabra regreso entre todas esas barbas perfumadas con tabaco barato, de cigarrillos armados a mano. Muchos ríen porque aún tienen vida para hacerlo.


Hasta mañana. 

martes, 28 de septiembre de 2021

3. DEL BARRIO AZULEDIZO.

 - Acá el cielo está astillado, loco. Es un cielo cortado que te va dejando la mirada con tajitos... cielo estirado como merca sucia. A nosotros nos crearon a imagen y semejanza de una escupida. Somos gargajos de Dios, apenas...


El barrio azuledizo disuelve la memoria. Mejor que sea así. Ya la gorra del Portugués, el del quiosco de diarios, no está. Ni tampoco el quiosco. Lo peor no es que nadie sepa de él sino que no saben siquiera que existió, que estuvo allí durmiéndose por años, preguntándose en sueños cómo mierda vino a parar a este sitio, arrancado de donde había nacido.


- Es que todos tenemos un cementerio en la cabeza,pibe. Y cada entierro duele- me dice ahora un viejo, tambaleándose, agarrándose de su tetra para no caer en la cuneta. Por un momento pienso que es Llerita, el curda que gritaba, los brazos abiertos al cielo gris de humo: soy divino, de vino soy.


Pero no, no es Llerita. Éste es un nuevo viejo de la barriada azulsiempre... mira al cielo pero no abre los brazos.


- Acá el cielo está astillado, loco. Es un cielo cortado que te va dejando la mirada con tajitos... cielo estirado como merca sucia. A nosotros nos crearon a imagen y semejanza de una escupida. Somos gargajos de Dios, apenas...


Se acerca para manguearme y ya no me cuesta tanto saber quién es sino que ese darme cuenta me clava ahí como una estaca olvidada, quién sabe, por algún circo. Y no sé si saludarlo, darle un abrazo, preguntarle por el gordo Dormila, su hijo o por Azul. Pedirle que me cuente qué fue de todos, incluso de mi mismo. Pero él me mira a los ojos y quién sabe qué ve porque se va, se aleja unos pasos, vuelve a mirarme, estira el tetra a modo de brindis y se lo zampa de una hasta ahogarse. Se tuerce tosiendo una tos mustia, chiquita que casi ni hace ruido pero que a él lo sacude y lo dobla en dos. Parece que va a vomitar, entonces me acerco, asustado, intento ayudarlo. Pero me para con la mano mientras sigue tosiendo...


- Andate, pibe -dice como puede- Mejor andate de acá y no vuelvas más...


Y se va hundiéndo en el azulsucio de esa calle que llamábamos Del Portugués y que ahora no sé cómo se llama, si es que tiene nombre.


Hasta mañana

lunes, 27 de septiembre de 2021

9. MESAS TRISTES DE CAFÉ

Ramón tomó a la tipa de un brazo y la arrastró casi en vilo hasta la puerta para arrojarla en la esquina. La vieja se incorporó y desde afuera comenzó a emitir unos chillidos como de gatos apareándose

Y aun cuando a Barreto le extrañó que a partir de la tarde del descascaramiento su socio Ramón se empecinó en servir a la mesa del ventanal, cuando venía la muchacha sola, dos cafés, uno apenas cortado –colocando uno a su cuenta personal- y sirviéndolo con el platito cubriendo el pocillo en señal de espera, más le preocupó que su amigo tratara tan mal a la gente que amagaba con sentarse a la mesa del ventanal, a quienes echaba con cualquier excusa.


¿Sabés que me siento un niño de nuevo cuando la veo? , me dijo Ramón antes de agriarse definitivamente, tal como lo conociste hoy. Pero tenés que entenderlo, las últimas tardes que la muchacha fue por el café ya usaba el pañuelo blanco en la cabeza. Un pañuelo que se quitaba no más sentarse. La grotesca y provocadora vieja que esperaba en la esquina la acechaba, y en cuanto podía iba hasta su mesa y parada al lado de ella parecía insistir en convencerla de algo.


Pero la muchacha no quería ni podía escuchar. Así sucedió unas cuantas tardes hasta que Ramón se cansó y acercándose le preguntó a la chica si la señora la estaba molestando. La vieja se enfureció pero la muchacha, con sus grandes ojos claros muy abiertos hacia el mozo , que en ese momento yo creo que se sintió más arriba del propio cielo, no contestó nada.


Embravecido, Ramón tomó a la tipa de un brazo y la arrastró casi en vilo hasta la puerta para arrojarla en la esquina. La vieja se incorporó y desde afuera comenzó a emitir unos chillidos como de gatos apareándose y rasguñar con sus uñas mugrientas el vidrio del ventanal que daba a la chica que ahora, ya con sus cosas en la mano dejaba junto al billete del café un papelito igual al que intercambiaba con el muchacho, donde había escrito una sola palabra para Ramón: gracias. Era la única forma en que podía decírselo, muda como era.


Hasta mañana


domingo, 26 de septiembre de 2021

8. MESAS TRISTES DE CAFÉ

- Pero vos sabés lo que pasa siempre en estas ocasiones –la voz del Junta empezó a venirme desde muy lejos- hay un día en que alguien , uno de los dos, no quiere o no puede llegar al lugar del encuentro. 


Cuando encaré para volver a mi mesa la mujer de ropas entristecidas se había sentado allí y jugueteaba con el papelito arrugado donde yo había intentado escribirle algo a esa mujer perdida. Su cara estaba ya cuarteada por profundas arrugas y sus ojos despedían una mirada ácida. Fui entonces hasta la mesa, sobresaltado, con susto, a buscar mi saco que colgaba del respaldo de la silla en la que ella se había sentado.


- Pero vos sabés lo que pasa siempre en estas ocasiones –la voz del Junta empezó a venirme desde muy lejos- hay un día en que alguien , uno de los dos, no quiere o no puede llegar al lugar del encuentro. Ramón, el mozo, me lo juró por lo que más quería en su vida, que cuando la muchacha aquella entró sola ese atardecer de invierno con sus grandes ojos asustados, desde todas las paredes transpiradas los papeles allí pegados comenzaron a desprenderse como viejos papiros. Y yo le creo.


- Como también le creo que Barreto, su amigo del alma y socio, desde la caja, entre el ticket para la mesa cinco y la preparación de un capuchino se alarmó y puso el grito en el cielo. Pero Ramón no lo miró siquiera. Se limitó a apurarlo para que le preparara dos cafés, uno apenas cortado, sin poder evitar el sentir que a sus espaldas, la tarde se iba metiendo en un pozo que toda la indiferencia de la ciudad le estaba perpetrando a la silla vacía. Una tristeza que jamás se iría de allí, de esa esquina triste de Yrigoyen y Solís, como tampoco se iba a ir más de allí esa monstruosidad que va envejeciendo mientras espera a quien pegarle el guadañazo.


Hasta mañana

sábado, 25 de septiembre de 2021

7.MESAS TRISTES DE CAFE

 

Fue en ese momento en que empecé a darme cuenta que ya era tarde para seguir escribiendo boludeces. Porque ese bar oscuro, a pesar de estar ahora lleno de gitanos, se moría. Y ya no iba a haber otra posibilidad para salir de allí más que con un nudo en la garganta.


Y mientras el Junta volvía a sumirse en un silencio profundo y denso yo volví a verla, encendiéndose un cigarrillo. Percibí de nuevo ese destello, pequeño sí, pero destello al fin de su mirada. Y no sé si por la angustia o qué comencé a hurgar, como si fuera mi última oportunidad, el arrugado paquete de Particulares 30 en los bolsillos de mi saco hasta que lo encontré. Saqué un cigarrillo que, pese a estar doblado, no se había quebrado. Me levanté como quien busca la puerta del baño y comencé a caminar hacia esa nube de humo azul que la cubría a medias.


Y claro que me habrían sobrado manos para acariciarla, porque apenas cuando rocé sus dedos imaginé un furioso viento y abracé tímidamente su mano intentando que el cigarrillo no se encendiera nunca. No escuché el abrir y cerrar de puertas detrás de mí y menos vi la sombra del tipo atrás mío que me pedía, con cierta doble intención, permiso para poder pasar y así sentarse frente a ella.


Y fue en ese momento en que empecé a darme cuenta que ya era tarde para seguir escribiendo boludeces. Y no fue la bronca o el resentimiento por lo del tipo que había llegado a la mesa de ella. Pero sí sentí que ese bar oscuro, a pesar de estar ahora lleno de gitanos y chiquitos que revoloteaban por todas partes, se moría inundado de silencio. Y que si yo me hubiese animado a llegar temprano, mas temprano a esa mujer... Pero no. Y ahora ya no iba a haber otra posibilidad de salir de allí más que con un nudo en la garganta.

viernes, 24 de septiembre de 2021

6. MESAS TRISTES DE CAFÉ

Él enseguida pide dos cafés, uno apenas cortado. Luego se toman de las manos, se miran, o escriben papelitos y se los pasan entre ellos. 


Cuando me di cuenta que ese café estaba totalmente inundado de silencio sentí que era demasiado tarde ...


Bueno –dijo el Junta volviendo de la risa anterior- sabés que Ramoncito un día y sin que venga a cuento de nada me dice: no conozco la voz de la muchacha –y volvió a imitar el tono gallego- Ellos vienen aquí, se sientan siempre en el mismo lugar, donde tu ya sabes, yo me acerco a atenderlos y ella sonríe todo el tiempo. El enseguida pide dos cafés, uno apenas cortado. Luego se toman de las manos, se miran, o escriben papelitos y se los pasan.


Y era cierto porque yo mismo los vi allí un par de veces, a eso de las cinco de la tarde. Y también a Ramón cuando les servía los cafés. Y por nada del mundo podía pensar que ese hombre estaba amariconándose por la delicadeza con los que los trataba. No era Ramón ese, no. Era el que había sido en algún momento de su juventud, seguramente ...

sábado, 18 de septiembre de 2021

5. MESAS TRISTES DE CAFE

Y mientras el Junta se sumía de pronto en un silencio profundo y denso yo volví a verla, encendiéndose un cigarrillo. Percibí de nuevo ese destello, pequeño sí, pero destello al fin de su mirada. 

Bueno –dijo el Junta volviendo de la risa anterior- sabés que Ramoncito un día y sin que venga a cuento de nada me dice: no conozco la voz de la muchacha –y volvió a imitar el tono gallego- Ellos vienen aquí, se sientan siempre en el mismo lugar, donde tu ya sabes, yo me acerco a atenderlos y ella sonríe todo el tiempo. El enseguida pide dos cafés, uno apenas cortado. Luego se toman de las manos, se miran, o escriben papelitos y se los pasan.


Y era cierto porque yo mismo los vi allí un par de veces, a eso de las cinco de la tarde. Y también a Ramón cuando les servía los cafés. Y por nada del mundo podía pensar que ese hombre estaba amariconándose por la delicadeza con los que los trataba. No era Ramón ese, no. Era el que había sido en algún momento de su juventud, seguramente ...


Y mientras el Junta se sumía de pronto en un silencio profundo y denso yo volví a verla, encendiéndose un cigarrillo. Percibí de nuevo ese destello, pequeño sí, pero destello al fin de su mirada. Y no sé si por la angustia o qué pero comencé a hurgar, como si fuera mi última oportunidad, el arrugado paquete de Particulares 30 en los bolsillos de mi saco hasta que lo encontré. Saqué un cigarrillo que, pese a estar doblado, no se había quebrado. Me levanté como quien busca la puerta del baño y comencé a caminar hacia esa nube de humo azul que la cubría a medias.

viernes, 17 de septiembre de 2021

4. MESAS TRISTES DE CAFÉ

... mi obsesión era saber cómo construir un puente hacia esa mujer que cruzaba sus piernas como de vértigo y yo empecé a escribirle, en un papel arrugado pero solo me salían palabras como herrumbre; cielo oxidado o el gemir de una guitarra faim en una piecita mal pintada. 


 ¿Qué es lo que te causa gracia? –le quise preguntar pero no lo hice.

-  ¿Crota? -volvió a repetir pero ya con la risa apagada.


Estábamos por la segunda ginebra y ya comenzaban a estallar fuegos artificiales en mi cerebro. Pese a eso recordé a la mujer que había visto por la tarde y me di cuenta que hasta ese momento la había olvidado por completo. Volví a ver su cara, joven, algo bonita. Estaba parada en la esquina de Solís e Yrigoyen como esperando a alguien. Sentí nuevamente ese olor a tristeza que parecían despedir sus ropas ...


- Esa tipa a la que vos llamas crota se para todas las tardes allí a eso de las cinco, a esperar, solamente a esperar que alguien pretenda seducirla antes de que llegue la noche y toda su podredumbre quede al descubierto. ¿Sabés cuantos cayeron en sus garras? Sino mirá la ciudad como está ...


Allí fue cuando empecé a creerle al Juntahistorias.


Porque era cierto que el mozo aquel, al fin de cuentas, no me atendió y tuvo que salir un tipo desde atrás de la caja registradora para preguntarme qué me iba a servir.


Porque también fue cierto que la mujer de las ropas entristecidas fue quedándose en la esquina y a medida que iba pasando el tiempo iba avejentándose hasta convertirse en el monstruo aquel que aprovechó a ocupar mi mesa cuando yo me levanté para pedirle fuego a esa mujer que, hasta ese momento, había estado sola.


También era cierto, puta madre, que hasta que no me lo dijo el Junta yo no me había dado cuenta de todo lo que había sucedido dentro de ese bar. Como si hubiese estado ciego o algo peor.


Porque era cierto que desde mi mesa empezó a brotar una sutil neblina que luego se convirtió en humo inundando todo el bar aquel. Y yo no me daba cuenta de nada porque mi obsesión era saber cómo construir un puente hacia esa mujer que cruzaba sus piernas como de vértigo para ponerse a leer, a escasos tres metros de mis manos temblorosas. Y yo empecé a escribirle, en un papel arrugado que encontré en el bolsillo. Pero solo me salían palabras como herrumbre; cielo oxidado o el gemir de una guitarra faim en una piecita mal pintada.

jueves, 16 de septiembre de 2021

3. MESAS TRISTES DE CAFÉ

Pero un día vinieron ellos con esos pedacitos de amor tan bien hechos y todo cambió en Ramón. Ya no insultaba cada café que servía ni necesitaba un par de vinos largos para que se le asome una mirada como la que había tenido hacía ya tantos años y a tanta distancia de aquí.


A decir verdad –me dijo- para Ramón la mesa donde vos te sentaste era igual que todas las otras, por lo tanto la odiaba con su crónico enojo gallego como a todas las otras. Si vos lo hubieras conocido por esa época...  El gesto adusto, la cejijuntez de cepillo en su frente ... 


Pero un día vinieron ellos con esos pedacitos de amor tan bien hechos y todo cambió en él. Ya no insultaba cada café que le tocaba servir, ni necesitaba un par de vinos largos para dejar que se asome bajo su duro entrecejo una mirada como la que había tenido hacía ya tantos años y a tanta distancia de aquí.


- ¿De dónde vendrán? ¿Te lo imaginas? –sugería ahora el Junta un delicado acento español- me preguntaba para luego con un suspiro de pendejo boludo decir: no podrás creer lo mágico, lo dulce que es el silencio que construyen entre los dos.


Yo sentía que todo eso que estaba viendo era muy distinto a lo que él llevaba vivido en este bendito país que lo acogió luego de la guerra perdida Y aunque le parecía raro,  sabía que esa parejita era una señal bien clara de la única forma que había de no caer en la resignación, en la frustración. Y más se convenció de ello cuando vio aparecer a la vieja contrahecha, esa que se apuesta en la esquina todas las tardes ... la misma que se sentó a tu mesa hoy ...


- ¿Cuál? ¿la crota esa?

- ¿Crota? –repitió y se dejó tentar por una risa que olía a quién sabe dónde. 



Mañana la seguimos...

miércoles, 15 de septiembre de 2021

2. MESAS TRISTES DE CAFÉ

- Mirá flaco, todos los bares tienen mesas tristes, rengas, jodidas ... Pero ese bar adonde fuiste a parar hoy no es que tenga una mesa triste sino una que espera, simplemente espera ...


Pero el mozo, con el saco de botones metálicos y remiendos como cicatrices desplegaba ante mi desesperación todas las armas del oficio para mostrarme sólo un lado de la cabeza: su nuca rigurosamente rapada.

- Y es que Ramoncito no te iba a atender nunca –dijo repentinamente el Junta sorbiendo un gran trago de ginebra, como si hubiéramos estado conversando hace rato y no metidos en ese largo y tenso silencio en que habíamos quedado.

- ¿Por qué?

- Mirá flaco, todos los bares tienen mesas tristes, rengas, jodidas ... Pero ese bar de mierda adonde fuiste a parar hoy y que está a punto de morirse no es que tenga una mesa triste sino una que espera, simplemente espera ...

Fue entonces que se largó a contarme lo que sucedió aquella vez por el “setenta y pico” según él, en esa mesa y que terminó una tarde de llovizna cuando todas las palomas de la plaza de Mayo se fueron asustadas pero nadie se dio cuenta.


Mañana la seguimos...

martes, 14 de septiembre de 2021

1. MESAS TRISTES DE CAFÉ

Pero ya no me podía hacer el boludo porque era cierto. Yo había estado hacía un rato en ese bar oscuro, lleno de gitanos, en la esquina de Solís e Yrigoyen donde estaba ella sentada junto a la ventana que da a la plaza Congreso.


- Te vi en el bar de la Plaza del Congreso. También vi junto a vos a la mujer que iba avejentándose con el correr del tiempo. Ahí en la esquina, justo en la mesa en que fuiste a sentarte. Vos también no encontraste mejor lugar – me dijo el Junta.

- Pero ... ¿Me estabas siguiendo?

- Si y no. Tomá todo esto como si estuviéramos dentro del sueño de alguien, no se de quien, ojalá de un tipo que tenga ideas brillantes. Pero un sueño nada mas – mientras hablaba no podía dejar de sonreírse casi sobrándome.

- Vos estás chiflado – le contesté y sentí de repente un escozor, un miedo viejo que otras veces me había punzado, miedo a que se vaya, a que se enoje, a que me deje solo ...


Pero ya no me podía hacer el boludo porque era cierto. Yo había estado un par de horas antes en ese bar oscuro, gigantesco, lleno de gitanos, hundido en la esquina de Solís e Yrigoyen donde estaba ella sentada junto a la ventana que da a la plaza Congreso.

Y el Junta me había visto también cuando yo ya no pude desprender mis ojos de las piernas de esa mujer que sabía a riesgo. Yo sentía que necesitaba, mierda si necesitaba, construir un puente entre ella y yo esa tarde cansada y vieja. O al menos pedirle al mozo el primer vaso de vino, ginebra o cualquier cosa que sirva para empezar a disfrazarme de otro. Dejar de ser ese que volvía del barrio azulpolvo sacudido por un colectivo desvencijado que trotaba sobre cunetas de barro.

Otro y no el mismo que había estado buscando a Azúcar, Dulce, Dula o como quiera que se haga llamar ahora.

Otro, capaz de decirle a esa mujer que la noche estaba para acunar dulces blues con nuestros cuerpos.

Y el Junta me había estado espiando a través del vidrio sucio de su vaso cuando comencé a hacerle señas desesperadas al mozo para poder iniciar allí esa suerte de anestesia de alcohol porque toda esa noche se me venía encima y era muy pesada, dolorosa, para cargarla solo.

La seguimos mañana...

lunes, 13 de septiembre de 2021

2. DEL BARRIO AZULEDIZO

Mientras, el barrio azuledizo iba pudriendo ese cielo de mediodía a fuerza de silencios mortales en las fábricas, que olían ahora a hambre, desamparo, frustración...

Santiago e Ismael se sorprendieron al verme salir del baño, pero no me dijeron nada. Ni siquiera me devolvieron el saludo. Yo aún tenía la mirada puesta en las paredes –tal vez más flacas, más viejas – de ese lugar tan sagrado donde acude tanta gente y en la que todavía estaba escrito, con clavos o cuchillos, las leyendas, que hoy, en su persistencia, me condenaban, junto a la tribu panzona y tan entregada como yo.

Promesas, como la del asalto al banco o el hasta la victoria siempre. ¿Y cuando?

Los viejos –Ismael y Santiago- seguían emborrachándose todos los días, envolviéndose en vino duro, berreta, denso; siempre con esas mismas historias de radicales, peronistas y gorilas, tan igual que me queda ahora irremediablemente lejos aquellas tardes cuando con algunos muchachos los escuchábamos y nos imaginábamos un país justo, libre y soberano.

Mientras, el barrio iba pudriendo ese cielo de mediodía a fuerza de silencios mortales en las fábricas, que olían ahora a hambre, desamparo, frustración; olor que invade todas esas calles encendidas por ese sol que descubre al pendejo ese, solitario de maldita soledad que en un umbral mojado con su propia desesperación está duro como la vida misma; duro como todo ese silencio de siesta; duro, irremediablemente, sin poder o querer ya saber que hay polvos con magia sucia de estrellas reflejadas en la tierra, que brillan por la lluvia y que no son más que escupidas de Dios. Y aunque sea comprensible que esa presencia sea la única en este barrio azulviejo, no deja de ser triste, muy triste. Sobre todo cuando el pendejo ese debe haber nacido cuando yo me fui de ahí ...

Mañana la seguimos...

domingo, 12 de septiembre de 2021

1. DEL BARRIO AZULEDIZO

Aun ninguno había comenzado ese lento suicidio perpetrado en casas que siempre están a medio hacer, con críos que lloran todo el tiempo, pañales cagados y la pregunta, siempre esa pregunta: ¿esto era la vida finalmente?


La gorra brillosa de grasa del Portugués, el diariero de la estación, solía ser el punto de referencia para los que no conocían el barrio. Como el tipo siempre se quedaba dormido y no se sacaba la gorra por nada del mundo se había convertido en un perfecto mojón.

Los que venían al barrio solían caer por lo general los sábados a la tarde. Venían a transarse a alguna minita o conseguirse algún ladrillito de fumo, o ambas cosas a la vez.

Cuando aún vivía allí, Seru Giran hacía temblar el papel de los parlantes baratos con el bajo de Aznar y la grasa crepitaba en fuegos amarillos que llenaban de humo el aire del mediodía. Aun ninguno de los nuestros había comenzado su lento suicidio, ese suicidio que se perpetra de a poco, en casas pequeñas que siempre están a medio hacer, con críos que lloran todo el tiempo, pañales cagados y las preguntas, siempre las preguntas como clavos herrumbrados: ¿esto era la vida finalmente?

Pero luego sí. Poco a poco, uno a uno terminó y determinó apuntarle con esa propia podrida vida a lo que quisieron ser y dispararon sin ver ningún mar ni primavera sino un río envenenado, basureado, lleno de pájaros muertos que no es más que lo que pudimos o quisimos hacer pero no hicimos, por dejadez o siesta, pero no hicimos.

Mañana la seguimos...

sábado, 11 de septiembre de 2021

7. DEL JUNTAHISTORIAS

Y no sé si fue la puta tarde que yo había pasado en el barrio azuledizo buscándola a Azúcar por todas partes; el miedo, lo imprevisto, el asalto de algo desconocido o lo que me había sucedido un rato antes en el bar que da a la esquina de la plaza Congreso, pero me senté frente a ese tipo al que yo consideraba un pirado más, un alucinado, un curda, alguien con quien, en fin, disfrazar a ese tremendo muro que me había levantado la ausencia de ella, el óxido del cielo sucio, el crucifijo de barro de todas esas calles estancadas, de esos perros desmadrados del barrio Azulsiempre, adonde bajé del colectivo con tantas ganas de mear que mi vejiga repleta no me permitió sentir en un primer momento ese olor nauseabundo a cerveza rancia sobre el empedrado.


Sí. Me senté frente a ese tipo para no emborracharme solo, porque si lo hacía iba a terminar emborrachándome con mi propia vida, y eso iba a ser peor, mucho peor ...


Mañana la seguimos...

jueves, 9 de septiembre de 2021

6. DEL JUNTAHISTORIAS

 

Y no sé si fue la puta tarde que yo había pasado en el barrio azuledizo buscándola a Azúcar por todas partes; el miedo, lo imprevisto, el asalto de algo desconocido. O lo que me había sucedido un rato antes en el bar que da a la esquina de la plaza Congreso, pero me senté frente a ese tipo al que yo consideraba un pirado más, un alucinado, un curda, alguien con quien, en fin, disfrazar a ese tremendo muro que me había levantado la ausencia de ella, el óxido del cielo sucio, el crucifijo de barro de todas esas calles estancadas, de esos perros desmadrados del barrio Azulsiempre, adonde bajé del colectivo con tantas ganas de mear que mi vejiga repleta no me permitió sentir en un primer momento ese olor nauseabundo a cerveza rancia sobre el empedrado.


Sí. Me senté frente a ese tipo para no emborracharme solo, porque si lo hacía iba a terminar emborrachándome con mi propia vida, y eso iba a ser peor, mucho peor ...


Mañana la seguimos...

miércoles, 8 de septiembre de 2021

5. DEL JUNTAHISTORIAS

El mozo le dejó un farol de ginebra. El tomó mi vaso y lo puso del lado de la silla vacía. Ahí noté cómo su sudor espeso y negro dejó en el vidrio titubeantes venas oscuras. Sentí asco...


-Perdón, pero la mesa está ocupada – le dije al tipo. Las gotas de sudor negro que dejaba caer dibujaban pozos ciegos en la fórmica gastada.

-Mirá, ahora mismo hay un puñado de tipos que pagarían gustosos con su propia muerte salir de la eternidad a la que están condenados y así poder morirse tranquilamente. ¿Sabés lo que es no poder morirse? ¿Estar despierto, siempre atento? ¿Sabés lo que es no poder distraerse ni liberarse de la responsabilidad? Es sencillamente no poder vivir nunca. Así que dejate de joder con que la mesita es tuya y sentate ¿no ves que está todo ocupado?...

-Es que ... – dudé ... miré hacia los costados buscando al mozo o a algún conocido pero no había nadie. En realidad, yo tampoco tenía muchos amigos. Lo mío era salir a vagar solo, a mirar libros viejos o discos usados por Corrientes. Desde Callao hasta la Nueve de Julio por la vereda del Ramos y, de vuelta, desde la Nueve de Julio hasta Callao por el lado de La Giralda y La Paz hasta llegar al Astral. Pero esa tarde había sido diferente y ahora me sentía estúpidamente invadido, con un temor infantil parecido al que le tenia a las sombras largas de la noche, a las pesadillas, a la fiebre del sarampión , al quedarme solo y sin dormir cuando apagaban la luz.

- Correte un poquito – me dijo para poder mirar a alguien que estaba detrás mío. Era el mozo que venía para dejarle un farol de ginebra cerca de sus dedos inquietos, ansiosos. El tomó mi vaso y lo puso casi a la orilla del lado de la silla vacía. Ahí noté que su sudor espeso y negro le dejó titubeantes venas oscuras en el vidrio. Sentí asco...

-Es sólo sombra. Estuve demasiado tiempo abajo y estoy hasta las pelotas de oscuridad.


Mañana la seguimos...

martes, 7 de septiembre de 2021

4. DEL JUNTAHISTORIAS

Me dolía y arrastraba las preguntas de esa noche empapada de locura y magia; esos enormes signos de interrogación como ganchos de carnicero de donde colgaba todo lo que yo había sido hasta ese momento. 


El Junta. A quién después de aquella noche busqué por todas partes. El Junta... Si me pasé horas enteras por los andenes de todas las líneas, por Corrientes, por el Astral... 

Y es que me dolía y arrastraba las preguntas de esa noche empapada de locura y magia; esos enormes signos de interrogación que se parecían demasiado a los ganchos de carnicero de donde colgaba todo lo que yo había sido hasta ese momento.

Y es precisamente porque hoy ya no soy el de esa noche pero tampoco sé quién soy, esos interrogantes se hacen mas tensos, indestructibles, cuñas para procurar hacer luz, verdad, realidad o por lo menos algo que se le parezca.

En el medio, ese camión autobomba, estacionado al costado de la boca del subte... un objeto estúpido por ser tan rojo como lo es el fuego tantas veces.

Es cierto... no pude evitar esa sensación que me dejó un regusto amargo en la mirada, en esta mirada con la que cada vez me enfrento cuando me miro al espejo. Porque yo sabía, puta madre si sabía, que el Junta jamás iba a poder contestar a mis preguntas, esos signos de interrogación como ganchos adonde quedaron colgados pedazos de lo que fui.


lunes, 6 de septiembre de 2021

3. DEL JUNTAHISTORIAS

No tendría que haberme detenido allí pero, de no haberlo hecho, no estaría escribiendo todo esto ahora así, con desesperación. 


No tendría que haberme detenido allí pero lo hice. Había algo de mí que sospechaba. Por eso me paré en el medio de ese pequeño amontonamiento de gente que se asomaba a una de las bocas de acceso a la estación Uruguay del subterráneo.

No tendría que haberme detenido allí pero claro que sé que de no haberlo hecho, no estaría escribiendo todo esto ahora así, con desesperación.

Escribo: “Y no sé si porque la tarde iba cayéndose a pedazos rojos sobre el horizonte de la avenida Corrientes hacia Chacarita, pero allí había olor a muerte; a muerte anónima, aún caliente”.

Es un garabateo apenas legible que hasta a mi me cuesta entender. Lo estoy por tachar. Pero no. Lo dejo y sigo...

Algo que contar, por más macabro que sea, parecía ser la consigna de esa gente con ojos como garras que acechaban las escaleras. Algo que contar en la cena. Me molestaba el palabrerío morboso de todos esos que solo esperaban ver subir a los bomberos con la camilla. La luz intermitente de la ambulancia salpicaba el pavimento con fugaces charquitos de sangre.

En ese momento me di cuenta que estaba a tres cuadras de donde lo había conocido al Junta. A tres cuadras de dónde había comenzado esa primera, intensa y única noche. Sólo a tres cuadras.


Mañana la seguimos...

domingo, 5 de septiembre de 2021

2. DEL JUNTAHISTORIAS

Cómo imaginarme que esa noche se iba a transformar en el itinerario feroz, alucinado que viví con él, el Junta, a quien luego perdí de vista.


El Junta era un manchón de tinta negra que salpicaba la que había sido mi mesa. Su imagen, ante mis ojos miopes, era la de un tipo que transpiraba a chorros oscuridad, sudor negro, profundo, espeso, en gotas como lágrimas que arrastran rimmel. Porque eso no era mugre. No sé por qué pero nunca lo dudé. Lo supe desde siempre.


Lo que no sabía aún era que le decían Juntahistorias. Ni tampoco el motivo de ese apodo. Tampoco todo eso de los túneles del subte y de las diferentes ciudades que se despiertan en noches mágicas.


Cómo imaginarme que esa noche de invierno incipiente se iba a transformar en el itinerario feroz, alucinado que viví con él, el Junta, a quien luego perdí de vista. Esa noche que aún no sé si dejó ciega alguna parte de mí o simplemente no sucedió. Todo eso ya está tan rasguñado, tan roído...


Mañana la seguimos...

sábado, 4 de septiembre de 2021

1 - DEL JUNTAHISTORIAS

 

Miles de perros, ojos amarillos, atravesaban los vidrios del Astral y ganaban la calle desangrándose, Corrientes abajo.


Al Junta lo conocí una noche en el viejo bar Astral. Yo estaba solo y fui al baño. Cuando volví se había instalado en mi mesa. De alguna manera iba a ser la segunda vez que me sucedía en esa noche que tenía todo para ser una noche de mierda. Y lo que más me jode hoy es no saber si fue mi noche más luminosa y que pasó sin que me dé cuenta.


Ese momento en que lo vi ahí, sentado, lo más tranquilo, me quedó grabado por el estruendo que hizo al caer una ficha en la máquina de discos. Tal vez yo solo lo sentí pero fue un enorme clac metálico que perforó el murmullo que se acumulaba en ese viejo bar de Corrientes. Murmullos que se parecían a los pelusones entre las patas de las sillas. Tamos, como alguien me enseñó que se decía.


Cuando la música estalló sentí que miles de perros, ojos amarillos y con colmillos goteando saliva ansiosa, traspasaban limpiamente los vidrios de la entrada y ganaban la calle desangrándose, Corrientes abajo.


Fue cuando el Astral todo se inundó con la voz aguardentosa y áspera del Indio


Vaya a saberse por qué yo estaba en ese bar húmedo donde la máquina de café express espantaba a las cucarachas con el vapor. En realidad, si alguna parte de mí lo sabía, hacía silencio. Incluso hasta hoy.


Mañana la seguimos