Y no sé si fue la puta tarde que yo había pasado en el barrio azuledizo buscándola a Azúcar por todas partes; el miedo, lo imprevisto, el asalto de algo desconocido. O lo que me había sucedido un rato antes en el bar que da a la esquina de la plaza Congreso, pero me senté frente a ese tipo al que yo consideraba un pirado más, un alucinado, un curda, alguien con quien, en fin, disfrazar a ese tremendo muro que me había levantado la ausencia de ella, el óxido del cielo sucio, el crucifijo de barro de todas esas calles estancadas, de esos perros desmadrados del barrio Azulsiempre, adonde bajé del colectivo con tantas ganas de mear que mi vejiga repleta no me permitió sentir en un primer momento ese olor nauseabundo a cerveza rancia sobre el empedrado.
Sí. Me senté frente a ese tipo para no emborracharme solo, porque si lo hacía iba a terminar emborrachándome con mi propia vida, y eso iba a ser peor, mucho peor ...
Mañana la seguimos...
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