El mozo le dejó un farol de ginebra. El tomó mi vaso y lo puso del lado de la silla vacía. Ahí noté cómo su sudor espeso y negro dejó en el vidrio titubeantes venas oscuras. Sentí asco...
-Perdón, pero la mesa está ocupada – le dije al tipo. Las gotas de sudor negro que dejaba caer dibujaban pozos ciegos en la fórmica gastada.
-Mirá, ahora mismo hay un puñado de tipos que pagarían gustosos con su propia muerte salir de la eternidad a la que están condenados y así poder morirse tranquilamente. ¿Sabés lo que es no poder morirse? ¿Estar despierto, siempre atento? ¿Sabés lo que es no poder distraerse ni liberarse de la responsabilidad? Es sencillamente no poder vivir nunca. Así que dejate de joder con que la mesita es tuya y sentate ¿no ves que está todo ocupado?...
-Es que ... – dudé ... miré hacia los costados buscando al mozo o a algún conocido pero no había nadie. En realidad, yo tampoco tenía muchos amigos. Lo mío era salir a vagar solo, a mirar libros viejos o discos usados por Corrientes. Desde Callao hasta la Nueve de Julio por la vereda del Ramos y, de vuelta, desde la Nueve de Julio hasta Callao por el lado de La Giralda y La Paz hasta llegar al Astral. Pero esa tarde había sido diferente y ahora me sentía estúpidamente invadido, con un temor infantil parecido al que le tenia a las sombras largas de la noche, a las pesadillas, a la fiebre del sarampión , al quedarme solo y sin dormir cuando apagaban la luz.
- Correte un poquito – me dijo para poder mirar a alguien que estaba detrás mío. Era el mozo que venía para dejarle un farol de ginebra cerca de sus dedos inquietos, ansiosos. El tomó mi vaso y lo puso casi a la orilla del lado de la silla vacía. Ahí noté que su sudor espeso y negro le dejó titubeantes venas oscuras en el vidrio. Sentí asco...
-Es sólo sombra. Estuve demasiado tiempo abajo y estoy hasta las pelotas de oscuridad.
Mañana la seguimos...
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