- Acá el cielo está astillado, loco. Es un cielo cortado que te va dejando la mirada con tajitos... cielo estirado como merca sucia. A nosotros nos crearon a imagen y semejanza de una escupida. Somos gargajos de Dios, apenas...
El barrio azuledizo disuelve la memoria. Mejor que sea así. Ya la gorra del Portugués, el del quiosco de diarios, no está. Ni tampoco el quiosco. Lo peor no es que nadie sepa de él sino que no saben siquiera que existió, que estuvo allí durmiéndose por años, preguntándose en sueños cómo mierda vino a parar a este sitio, arrancado de donde había nacido.
- Es que todos tenemos un cementerio en la cabeza,pibe. Y cada entierro duele- me dice ahora un viejo, tambaleándose, agarrándose de su tetra para no caer en la cuneta. Por un momento pienso que es Llerita, el curda que gritaba, los brazos abiertos al cielo gris de humo: soy divino, de vino soy.
Pero no, no es Llerita. Éste es un nuevo viejo de la barriada azulsiempre... mira al cielo pero no abre los brazos.
- Acá el cielo está astillado, loco. Es un cielo cortado que te va dejando la mirada con tajitos... cielo estirado como merca sucia. A nosotros nos crearon a imagen y semejanza de una escupida. Somos gargajos de Dios, apenas...
Se acerca para manguearme y ya no me cuesta tanto saber quién es sino que ese darme cuenta me clava ahí como una estaca olvidada, quién sabe, por algún circo. Y no sé si saludarlo, darle un abrazo, preguntarle por el gordo Dormila, su hijo o por Azul. Pedirle que me cuente qué fue de todos, incluso de mi mismo. Pero él me mira a los ojos y quién sabe qué ve porque se va, se aleja unos pasos, vuelve a mirarme, estira el tetra a modo de brindis y se lo zampa de una hasta ahogarse. Se tuerce tosiendo una tos mustia, chiquita que casi ni hace ruido pero que a él lo sacude y lo dobla en dos. Parece que va a vomitar, entonces me acerco, asustado, intento ayudarlo. Pero me para con la mano mientras sigue tosiendo...
- Andate, pibe -dice como puede- Mejor andate de acá y no vuelvas más...
Y se va hundiéndo en el azulsucio de esa calle que llamábamos Del Portugués y que ahora no sé cómo se llama, si es que tiene nombre.
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