Pero ya no me podía hacer el boludo porque era cierto. Yo había estado hacía un rato en ese bar oscuro, lleno de gitanos, en la esquina de Solís e Yrigoyen donde estaba ella sentada junto a la ventana que da a la plaza Congreso.
- Te vi en el bar de la Plaza del Congreso. También vi junto a vos a la mujer que iba avejentándose con el correr del tiempo. Ahí en la esquina, justo en la mesa en que fuiste a sentarte. Vos también no encontraste mejor lugar – me dijo el Junta.
- Pero ... ¿Me estabas siguiendo?
- Si y no. Tomá todo esto como si estuviéramos dentro del sueño de alguien, no se de quien, ojalá de un tipo que tenga ideas brillantes. Pero un sueño nada mas – mientras hablaba no podía dejar de sonreírse casi sobrándome.
- Vos estás chiflado – le contesté y sentí de repente un escozor, un miedo viejo que otras veces me había punzado, miedo a que se vaya, a que se enoje, a que me deje solo ...
Pero ya no me podía hacer el boludo porque era cierto. Yo había estado un par de horas antes en ese bar oscuro, gigantesco, lleno de gitanos, hundido en la esquina de Solís e Yrigoyen donde estaba ella sentada junto a la ventana que da a la plaza Congreso.
Y el Junta me había visto también cuando yo ya no pude desprender mis ojos de las piernas de esa mujer que sabía a riesgo. Yo sentía que necesitaba, mierda si necesitaba, construir un puente entre ella y yo esa tarde cansada y vieja. O al menos pedirle al mozo el primer vaso de vino, ginebra o cualquier cosa que sirva para empezar a disfrazarme de otro. Dejar de ser ese que volvía del barrio azulpolvo sacudido por un colectivo desvencijado que trotaba sobre cunetas de barro.
Otro y no el mismo que había estado buscando a Azúcar, Dulce, Dula o como quiera que se haga llamar ahora.
Otro, capaz de decirle a esa mujer que la noche estaba para acunar dulces blues con nuestros cuerpos.
Y el Junta me había estado espiando a través del vidrio sucio de su vaso cuando comencé a hacerle señas desesperadas al mozo para poder iniciar allí esa suerte de anestesia de alcohol porque toda esa noche se me venía encima y era muy pesada, dolorosa, para cargarla solo.
La seguimos mañana...
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